Alberto Arellano

Alberto Arellano es un director español residente en Oslo (Noruega) apasionado por el arte, el cine y la gastronomía, con una fuerte tendencia para producir sugerentes y poéticas imágenes. Combina su pasión por el cine y su devoción por el arte visual creando mundos de pura estética. Con una amplia experiencia en dirección creativa, stop motion y música, dota a sus videos de un giro creativo, siempre buscando piezas únicas y con soluciones inesperadas.

En tus piezas, independientemente del formato que uses, se puede apreciar el uso de la comida como elemento de acentuación creativa, sino un denominador común, sí como elemento constante.

Así encontramos obras de carácter publicitario como el producido para Daucy, Mugaritz o Tantalo, pero también obras más libres como Every day life y Coge tu like y corre en que se utiliza elementos comestibles como factor sorpresivo o elemento para crear metáforas.

¿Qué relación personal tienes con la gastronomía?

Mi relación con la gastronomía es muy parecida a una relación de pareja. Al principio es una relación de auténtico placer, abierta, de probar, sentir, experimentar, crear, etc. Aunque también una relación consciente en términos de lo que comemos, del cómo y del dónde se producen esos alimentos.

¿Cómo crees que se vincula tu trabajo con la gastronomía?

Supongo que en cuanto a que ofrezco mi creatividad al servicio de los ingredientes, las recetas, los líquidos y los aromas, utilizo estos “personajes” para contar historias.

Desde comerciales para marcas que están relacionadas con la gastronomía hasta colaboraciones con restaurantes como Mugaritz, hasta cortometrajes en los que el continente es la comida como en Fast Food Romance, en definitiva utilizo la gastronomía como línea vehicular para transmitir un mensaje.

¿Cómo definirías tu trabajo?

Como se suele decir “la especialización mató a la poesía”, así que intento ser multidisciplinar y moverme en los límites de las géneros, hago piezas audiovisuales, instalaciones, fotografía, música, etc. Pero reconozco que el trabajar con gastronomía es un placer en todos los sentidos.

Un lugar para viajar y un recuerdo gastronómico en él

Voy a decirte uno que me gustaría (a ver si se cumple algún día) comer sushi en el mercado de Tokio o en algún restaurante pequeño de allí, como en una especie de bar Manolo de Tokio.

Un plato de tu infancia que recuerdes especialmente

Muy difícil, más que un plato recuerdo los productos y lo que evocan. Soy de la ribera de Navarra zona de muchas verduras. Así que cualquiera me transporta allí: El l apio y el cardo en ensalada en invierno, junto con las borrajas, alubias verdes, achicoria y escarola; mientras que en verano espárragos blancos y tomates de los de verdad, ir a coger la verdura al campo de mi abuelo que era agricultor, eso me trae buenos recuerdos.

Un restaurante

Cualquiera que haga las cosas con cariño y personalidad.

Un plato

En cuanto escriba esto me arrepentire al segundo, hay tantos platos y bocadillos que me gustan… mmm…¿Besugo al Orio?

Un producto

Un buen aceite de esos que lo pones en pan con tomate o con verdura y te llena el plato.

Un trago

Últimamente soy mucho de Bloody Mary para comer el fin de semana, de gin tonic por la noche y entre medio una cerveza… (con espumita).

Si nos invitaras a cenar a tu casa, ¿qué nos cocinarías?

Pondria a marinar salmón en salsa de soja y mientras cortaría unas patatas en media luna, las aliñaría con aceite, sal, pimienta, romero, pimentón dulce y un poco de ajo en polvo, les daría vueltas y para el horno.

Más tarde pondría el salmón marinado junto a las patatas cuando estuvieran casi hechas y lo serviría con una ensalada. Como maridaje: un vino tinto zorzal y de postre pacharán casero.

Una cafetería

Cualquiera de lisboa por el café, por las vistas Grefsenkollen en Oslo donde vivo ahora, pero en definitiva me sirve cualquiera que tenga wifi.

Un cacharro

Una taza de enamel en la que desayuno, la verdad es que yo creo que tiene vida.

Un truco

Como encender una barbacoa con un secador de pelo en tres minutos y no morir en el intento (yo lo he hecho).

Este truco es para barbacoas que están cerca de un enchufe: pones el carbón, lo enciendes con papel (a poder ser de las páginas de política o diseño) y en lugar de esperar 20 minutos a que todo el carbón esté al rojo enciendes el secador y le das aire caliente. De repente verás como el proceso se acelera por diez, cuidado con las chispas que salen, y ojo… no hagáis esto en casa niños.

 

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